Mi Pódium

García Márquez y Neruda

  • Por Editora M
García Márquez y Neruda

Por Osbaldo Salvador Ang.- Si la literatura –novela y poesía- alejan de la realidad y el periodismo la mantiene cerca, constituye el tema central de un interesante diálogo entre los escritores Gabriel García Márquez y Pablo Neruda.

Corría el año de 1971 cuando ambos personajes, de talla mundial, que además eran grandes amigos, se plantearon un tema que siempre estará vigente en el ejercicio de ambos oficios.

El poeta chileno, autor de 20 Poemas y una Canción Desesperada, acababa de recibir el premio Nobel de Literatura y había pronosticado que igual sería reconocida la obra del colombiano.

En ese momento, García Márquez escribía su novela El Otoño del Patriarca y vivía en la Cataluña, España; la reunión fue en París y fue televisada para el auditorio mundial desde Chile.

Televisión Nacional, Presenta en Exclusividad Mundial, Neruda y García Márquez Frente a Frente. Así empezaba, los títulos de ese programa que causó gran conmoción en el mundo de la literatura, el periodismo y la política.

El presentador de la televisión chilena hace una introducción, para dejarle la palabra a García Márquez, en la cual señala que el autor de Los Funerales de la Mamá Grande, habría dicho que si tuviera que volver a una de sus anteriores actividades, sería al periodismo.

Pero a El Gabo no le gusta esa introducción y empieza su participación con un regaño soberbio, que demuestra que no le pareciera en serio tan grande la profesión del periodismo, pues se irrita con el presentador, bien intencionado, y dice:

-El clásico de los periodistas, les dice uno una cosa y después terminan diciendo otra. Yo lo que dije o lo que quise decir fue que a mi me gustaría volver al periodismo pero sobre todo a ser reportero porque tengo la impresión que a medida que uno avanza en el trabajo literario va perdiendo el sentido de la realidad y en cambio el trabajo de reportero, pues tiene la ventaja que lo tiene a uno todos los días con la realidad inmediata.

Después del regaño, formula la pregunta a Pablo Neruda, que observa y escucha impasible la escena:

-Ahora: si eso sucede en un novelista, a mí me gustaría saber qué piensas tú, Pablo, cuando se trata de la poesía. Si la poesía te lleva cada vez más lejos de la realidad, o te ayuda a interpretarla, a descubrirla.

El poeta chileno respira hondo y, lenta y pausadamente, obsequia al novelista y cuentista colombiano una gran respuesta.

-Bueno; en realidad, el poeta tiene cierta tendencia a alejarse de la realidad viva, de la realidad actual, de la realidad viviente y sobretodo el poeta de los últimos años, después del comienzo de este siglo, después de Mallarmé y de los poetas más herméticos. Pero yo he envidiado la condición del novelista que tiene de alguna manera u otra ese acceso directo al relato, a contar cosas que se han abandonado en la poesía, que era una fuente de poesía cuando la poesía se llamaba, ya nunca más se ha llamado, ya nunca ha vuelto a tener ese apellido, épica. Yo he tenido cierta tendencia a la poesía épica y he tenido siempre envidia de los novelistas que cuentan tanto, tantas cosas, y si en algún escritor, espero que me perdone todo mundo, tú mismo que estés aquí presente, se reúnen en esa indagación, o sumersión en la realidad viva, en la realidad mágica, uno de los mejores novelistas, que da el ejemplo en eso, es Gabriel García Márquez, con quien estoy hablando en este momento.

Es ése solo el arranque de la conversación televisada entre esos dos grandes de la literatura. En cualquier red social y por medio de cualquier buscador, la grabación aparece en la red. Vale la pena buscarla y verla.

Yo por mi parte, creo que, por supuesto, el periodismo tiene el gran privilegio de dar como regalo a quien le ejerce, el tener los pies siempre sobre la tierra.

Los políticos ebrios de poder y los literatos que andan en las nubes, no disfrutan de ese maravilloso vínculo en sus respectivas profesiones.

Pienso que la literatura ha enriquecido el periodismo por la gala con que se producen ciertas notas, entrevistas y reportajes en algunas plumas finas que laboran en los medios de comunicación.

También es cierto que tener los pies sobre la tierra obliga a no soñar tanto y a escribir un tanto plano, directo y sin rebuscamientos que acercan a la realidad pero alejan del arte escrito.

Recuerdo que cuando estudiaba Letras Españolas, en 1981, un compañero de la carrera –Oscar Robles, si mal no recuerdo- que iba dos años delante de mi, escribía cuento y trabajaba a la vez como reportero en el periódico Novedades de Chihuahua. Yo laboraba para el Canal 2 de Imevisión.

Cubría Oscar la fuente policiaca y en cada evento de esta naturaleza descubría un relato humano muy interesante que le llevaba a escribir casi un cuento por cada noticia. Diseñó un estilo directo pero a la vez literario para escribir, con el uso frecuente del Punto y Seguido después de hilar cada idea. En cada párrafo usaba al menos cinco veces el Punto y Seguido. Por este motivo, sus jornadas laborales eran larguísimas –usaba Punto y Seguido aún en las entradas pero nadie le decía nada porque le reconocían su calidad- y esto empezó a causarle mella en los estudios.

Duraría un par de años así. Luego,  se armó de valor y renunció al periódico para dedicarse de lleno a la literatura. En alguna ocasión, en el pasillo de la escuela, grisáceo, largo y angosto, con ventanales que daban al jardín, ahí en el Campus Uno de la Universidad Autónoma de Chihuahua, me aconsejó hacer lo mismo.

Me dijo que el periodismo le había carcomido el ingenio literario y que le había echado a perder la vida.

A pesar del consejo, a mi me sucedió al revés: yo abandoné la carrera de las Letras Españolas para dedicarme de tiempo completo al periodismo, alucinado porque en esa profesión pagaban por escribir cuando en la otra rogábamos como mendigos porque nos publicaran.

En fin: son ideas y recuerdos que asomaron a la mente después de ver, más de cincuenta años después de ocurrida la conversación, el video donde Gabriel García Márquez y Pablo Neruda (un escritor modesto, humilde y sencillo, que contrasta con el estilo soberbio y altanero del colombiano) entablan una conversación acerca de un tema muy especial que vincula dos grandes ramas como son el periodismo y la literatura.

Y lo digo desde aquí, porque éste es mi Pódium.