LA PARTERA

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Es probable, muy probable, que la Manque se convierta en el fiel de la balanza. En poco tiempo, la Diputada Federal deberá decidir si se va con melón o con sandía. No le pregunten a La Fuente quién es el melón y quién es la sandía pero el ejemplo está muy claro sin duda alguna. Ciertamente, la legisladora tiene su corazoncito y ha levantado aunque tímidamente la mano. Pero si la circunstancia no le favorece, como ha sido hasta el momento, tendrá que sumar fuerzas con algún otro aspirante. No se sabe bien a bien por donde corren las lealtades de Manque Granados ni donde ha tirado lazos para mantenerse. Parece que más bien ha sido independiente en la medida que esto puede ser posible, sin dejar de voltear a la Casa de Cantera de donde salió a la política. Será una especie de enfermera o ginecóloga que ayudará en el parto pero no se sabe si lo hará con fórceps o se decidirá por la cesárea.

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Última actualización: Sábado 29 Agosto 2026, 22:15:03

Mi Pódium

Por Osbaldo Salvador Ang

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La Fuente Dominical

Es domingo. La Fuente abre los ojos y solo mira oscuridad, como es costumbre. Tiene Hay una inquietud que domina sus pensares y decide preparar el café y apuesta por granos de Antioquia, departamento del eje cafetero colombiano. Muele a perfección, mientras su nariz se emborracha del fuerte aroma del café colombiano y en la cafetera italiana, acomoda lo molido, una vez que llenó la jarra con agua y posó sobre la estufa a fuego lento. El aroma pronto inundó la redacción completa de La Opción de Chihuahua, pero no inmutó a nadie, ni siquiera a Filemón. La inquietud hizo que caminara hasta Catedral, donde la misa estaba por comenzar con su café en mano, por supuesto que cumple con el mandato obligatorio para el café de hoy: caliente, amargo, fuerte y escaso.

Se preguntó los motivos para oficiar misa tan temprano y que la feligresía acuda puntual. -Una misa de 8 de la noche sería ideal- pensó. Caminó de regreso a la redacción, con mucho pesar por el ambiente político que se vive en Chihuahua, sintió como una especie de deja vú. No podía ubicar donde había vivido algo similar. Al llegar a su lugar en la redacción, Filemón y el Gato Kashín ya lo esperaban con tazas de café en la mano para compartir su análisis de la semana. En eso, La Fuente tuvo un flashazo a su propuesta de misa a las 8 de la noche. Se levantó corriendo a su librero, desempolvó una vieja edición y gritó: «¿Qué diferencia hay entre liberales y conservadores? Ninguna. La única diferencia es que los liberales van a la misa de diez y los conservadores a la de ocho».
Lo que se vive en Chihuahua, ya lo había leído como si lo hubiera vivido: en Macondo, ese pueblo que hizo tan famoso Gabriel García Márquez en “Cien años de soledad” que se ha insertado en la conversación pública gracias a la adaptación de la novela a una serie de Netflix. 

CALIENTE

En Cien años de soledad, Gabriel García Márquez retrata con fría lucidez la vacuidad del sectarismo político: «¿Qué diferencia hay entre liberales y conservadores? Ninguna. La única diferencia es que los liberales van a la misa de diez y los conservadores a la de ocho». Décadas después, la trampa macondiana parece haberse mudado a Chihuahua, donde la disputa interna del PAN por la candidatura a la alcaldía capitalina amenaza con convertir la causa partidista en un choque tribal desprovisto de toda sustancia.

La contienda entre el exfiscal César Jáuregui y el actual Secretario General de Gobierno Santiago de la Peña sintetiza la trampa de las identidades simuladas. Por un lado, se atrincheran los guardianes de la "pureza doctrinaria", encarnados por una figura de cepa azul como Jáuregui, cuya militancia histórica no logra opacar los muchos cuestionamientos que arrastra en su trayectoria como servidor público. Por el otro, se presenta la opción pragmática de Santiago, con buena imagen, margen de maniobra en el engranaje estatal y bien recibido en sectores empresariales y sociales ajenos a la política, pero recibido con recelo por las bases recalcitrantes panistas que lo observan como un actor externo sin abolengo azul.

El debate ha caído en la peor de las simplificaciones. En lugar de confrontar proyectos de ciudad, visiones de desarrollo urbano o modelos de integridad institucional, la contienda se ha reducido a un ritual de etiquetas: la procedencia histórica frente al pragmatismo de coyuntura. Es la política convertida en tribuna deportiva, donde las cúpulas discuten el pedigrí del candidato mientras evaden la evaluación real del desempeño administrativo y las exigencias del electorado independiente.

Existe una advertencia demoledora en la obra de García Márquez cuando el Coronel Aureliano Buendía comprende la inutilidad de sus luchas: «Hicimos tantas guerras, y todo para que no nos pintaran la casa de azul». En el contexto chihuahuense, la fijación obsesiva por los símbolos de pertenencia o por el control de la franquicia panista puede resultar autodestructiva. El encarnizado fuego amigo y el desgaste mutuo debilitan el perfil resultante y exponen al grupo en el poder al riesgo real de perder el municipio.

Chihuahua camina sobre el filo de su propio mito macondiano. Si la dirigencia y las facciones locales persisten en priorizar las disputas vacías por encima de un proyecto de buen gobierno, el desenlace no será un accidente. Cuando la soberbia ciega a los liderazgos y el tribalismo vacía de propuesta a la política, la derrota electoral deja de ser un riesgo lejano para convertirse en una consecuencia inevitable.

¿A quién de los dos bandos prefiere perder la capital o quemar sus naves como lo hizo Marco Quezada con la candidatura de su esposa Lucía Chavira en 2016?

Quizás la respuesta, también está en Macondo. 

AMARGO
Úrsula Iguarán pronunció en Cien años de soledad una sentencia que retrata con fría precisión la tragedia de las organizaciones atrapadas en sus propios odios: «Es como si el tiempo diera vueltas en redondo y hubiéramos vuelto al principio». En Macondo, la historia no progresa; gira en un bucle trágico donde los nombres se repiten y las viejas rencillas resurgen para erosionar el futuro. En Chihuahua, la reaparición de Roberto Lara Rocha, «El Pony», amenaza con arrastrar al PAN a la misma espiral autodestructiva que ya sufrieron en el pasado.

Lejos de actuar como un árbitro legítimo o un guardián de la mística panista, la irrupción de Lara Rocha a través de su carta abierta expone el retorno de un método probado para el desastre: el sectarismo violento desde las vísceras partidistas. Al descalificar al secretario general de Gobierno, Santiago de la Peña, tildándolo de «priísta de viejo cuño», y al enarbolar la bandera de la "pureza" en favor de César Jáuregui Moreno, Lara desenfunda el mismo libreto que en 2010 dividió y desangró al panismo local, abriendo la puerta a la estruendosa derrota ante César Duarte.

La memoria política no puede ser selectiva. «El Pony» fue pieza fundamental de aquella fractura histórica donde la intransigencia y la guerra entre grupos aniquilaron la competitividad del partido, entregándole el poder estatal al priísmo más voraz. Que hoy pretenda erigirse en el juez moral de la democracia interna resulta un ejercicio de cinismo político: quien fue uno de los principales arquitectos de la debacle de 2010 regresa a 2026 para aplicar exactamente la misma fórmula de sabotaje interno.

A esta propensión histórica a la división se le suma la fragilidad de su propia vocería. Exigir la renuncia de De la Peña y retarlo a debate sobre "trayectorias" ignora el enorme lastre mediático que el propio Lara arrastra tras el escándalo de desvío de recursos en la JMAS en 2022. Aunque no existan condenas penales en su contra, la sospecha pública permanece activa. Cuando un actor con ese expediente incendia la casa común bajo el pretexto de defender la "dignidad partidista", el resultado no es la purificación del proceso, sino el envenenamiento definitivo de la marca electoral.

El PAN en Chihuahua enfrenta una réplica exacta de su pasado. Si la dirigencia y sus bases le entregan el micrófono a los dinamitadores del ayer y permiten que la disputa por la alcaldía capitalina se transforme en un tribunal de rencores y descalificaciones, el desenlace está escrito. García Márquez advertía que las estirpes condenadas a la ceguera no tienen una segunda oportunidad; si el panismo tropieza dos veces con la misma piedra de la división interna, la pérdida de la plaza no será una sorpresa, sino el inevitable costo de no aprender de su propia historia.

A La Fuente le confesaron que el Pony presume traer a todos los sectores del PAN, sin embargo tiene sus enemigos internos que le recuerdan que él no es todo el panismo y menos todo Chihuahua, además de recordarle que para ser Pony tiene la cola muy larga para andar incitando a una rebelión en el próximo informe de Marco Bonilla, donde dicen algunos panistas, es él desde el comité municipal y oficinas de San Felipe, está organizando la protesta con gritos y pancartas si se aparece De la Peña en el informe de Marcobón.


FUERTE
En Cien años de soledad, tras la sangrienta Masacre de las Bananeras, el régimen dictamina la mentira oficial más perversa de la literatura hispanoamericana: «En Macondo no ha pasado nada, ni está pasando ni pasará nunca. Este es un pueblo feliz». De un plumazo retórico, el poder borró la tragedia, decretó la paz por consigna y declaró traidor a cualquiera que se atreviera a recordar la realidad. Décadas después, ese mismo negacionismo de Estado parece haberse convertido en el manual de control de crisis del oficialismo en México.

La furibunda reacción de la dirigencia de Morena y sus voceros ante las advertencias de la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, escenifica la aplicación estricta de este decreto macondiano. Al señalar la mandataria los severos riesgos geopolíticos y comerciales (T-MEC) que acarrea la permisividad gubernamental frente al crimen organizado —evidenciada en la degradación institucional de Sinaloa y la figura del gobernador Rubén Rocha Moya—, la respuesta del régimen no fue la revisión ni la rendición de cuentas, sino la imputación ideológica.

Encabezados por figuras como el senador Ignacio Mier, los cuadros de la Cuarta Transformación desempolvaron el gastado libreto del «entreguismo» y la injerencia contra la gobernadora chihuahuense. En la narrativa oficialista, igual que en el Macondo de la compañía bananera, el verdadero delito no es la erosión del estado de derecho ni la penetración de la narcopolítica, sino romper el mito de la utopía y señalar las grietas del edificio gubernamental. La soberanía se convierte así en un escudo puramente retórico para eludir la responsabilidad primaria del Estado: hacer cumplir la ley.

La contrarrespuesta de Campos dio en el centro de la contradicción oficialista: intentar "defender lo indefendible" acusando de traición al denunciante no protege la dignidad nacional. El verdadero entreguismo —remarcó la gobernadora— radica en ceder parcelas de poder, territorio e instituciones a los carteles de la droga. Esa complicidad e inacción es la que realmente tambalea la confianza de los socios comerciales y vulnera la estabilidad del país.

El oficialismo pretende convencer a la ciudadanía de que la crisis de seguridad es un invento de la oposición para generar desestabilización mediática. Sin embargo, la historia política enseña que las ficciones de propaganda no detienen la decadencia institucional. Pretender sofocar la realidad con decretos de patria y discursos de felicidad obligatoria no hace desaparecer la violencia; solo garantiza que las consecuencias de la omisión terminen devorando al propio Estado.

ESCASO
El Coronel Aureliano Buendía pronunció en Cien años de soledad el diagnóstico más despiadado sobre la degradación de las causas políticas: «Lo importante es que desde este momento solo luchamos por el poder». Fue el instante en que las convicciones cayeron para dar paso a la realpolitik en su estado más puro. En Chihuahua, la carrera por la candidatura del PAN a la alcaldía capitalina ha alcanzado esa misma fase de pragmatismo frío, donde el discurso de concordia enmascara una refinada estrategia de neutralización institucional.

La enésima irrupción formal de Manque Granados no responde únicamente al capital acumulado en las encuestas o a su trayectoria previa en el municipio y la Secretaría de Innovación. Detrás de su perfil como la única mujer en el abanico de aspirantes azules, sus apoyadores han configurado una maniobra de alta escuela: utilizar el principio de paridad de género y los criterios de la dirigencia nacional como un "as bajo la manga". La meta profunda no es solo aventajar a los competidores masculinos, sino cercar el margen de maniobra de Palacio de Gobierno y restar eficacia al arbitraje de la gobernadora Maru Campos en la sucesión de la “joya de la corona”.

La jugada encierra una paradoja fascinante. Por un lado, Granados enarbola el orgullo del "Modelo Chihuahua", la alianza con los sectores productivos y la continuidad de las políticas estatales frente al abandono del Gobierno Federal. Por el otro, su equipo ejecuta un desafío táctico velado contra la arquitecta de esa misma narrativa. Se abraza el proyecto de la mandataria para seducir al electorado tradicional, pero se acude a los estatutos y a la mesa nacional para forzar una decisión que impida cualquier intento de veto desde el ámbito local.

El despliegue territorial en las colonias y las reuniones con las cúpulas empresariales ya no funcionan como una simple campaña de posicionamiento; son la acumulación de un blindaje político para volver inviable cualquier ajuste de última hora. Al convertir la cuota de género en una trinchera de resistencia frente al poder estatal, el grupo de panistas que apoyan a Granados demuestra que la contienda interna ha cruzado el umbral del romanticismo partidista.

Como comprendió el propio Aureliano Buendía en el fragor de la guerra, cuando la disputa por una candidatura abandona la ilusión del consenso y se centra en el manejo estratégico del reglamento, la política se despoja de adornos. La batalla por la capital ya no gira en torno a quién encarna mejor los ideales del panismo, sino a quién maneja con mayor frialdad la estructura para arrebatar el control del mando.

La Fuente se queda en silencio como si estuviera en el decadente Macondo del final de la obra. Ha tenido una fuerte catarsis con los integrantes del war room de La Opción por largo rato, que el mediodía llegó y El Cacahuate se apersonó con una hielera frías y clamatos para sustituir al café del domingo que siempre debe de ser: caliente, amargo, fuerte y escaso.

EL LUNES

EL LUNES

Con cuatro pequeños eventos se cerrará el lunes el desempeño de la Comisión Permanente del Congreso del Estado. El martes, al día siguiente, arrancarán los trabajos de la nueva Mesa Directiva de la Cámara local. Lunes a las 10:30 asumirá la Mesa Directiva y a las 11:00 sesionará por última vez la Permanente. Por la tarde a las 18:00 horas se desarrollará la Junta Previa y a las 19:00 está considerado el Box Lunch de la Banda de Guerra y Escolta, con la Banda de Música agregada. El martes a las 11:00 se llevará a cabo la sesión solemne de apertura del primer periodo ordinario del tercer año legislativo. Luego otro Box Lunch con la Banda de Guerra y el arranque de la sesión de dos comisiones. No salió la reforma para hacer autónoma la Fiscalía General del Estado.

LA PARTERA

LA PARTERA

Es probable, muy probable, que la Manque se convierta en el fiel de la balanza. En poco tiempo, la Diputada Federal deberá decidir si se va con melón o con sandía. No le pregunten a La Fuente quién es el melón y quién es la sandía pero el ejemplo está muy claro sin duda alguna. Ciertamente, la legisladora tiene su corazoncito y ha levantado aunque tímidamente la mano. Pero si la circunstancia no le favorece, como ha sido hasta el momento, tendrá que sumar fuerzas con algún otro aspirante. No se sabe bien a bien por donde corren las lealtades de Manque Granados ni donde ha tirado lazos para mantenerse. Parece que más bien ha sido independiente en la medida que esto puede ser posible, sin dejar de voltear a la Casa de Cantera de donde salió a la política. Será una especie de enfermera o ginecóloga que ayudará en el parto pero no se sabe si lo hará con fórceps o se decidirá por la cesárea.

Epigrama

Epigrama

Metamorfosis forzada 
padece Ovidio "el Ratón",
muy bueno pa' la cantada
ya se convirtió en gorrión.


AHORA TIENE EN UNA MANO
AL GOBIERNO MEXICANO.

Meme del día
[Negocio redondo]

[Negocio redondo]

Resulta que las detenciones de conductores ebrios han disminuido considerablemente porque los oficiales de la Policía Vial, quieren evitar la fatiga, como decía Jaimito El Cartero, el personaje de la serie de El Chavo del 8.

Dicen que los policías ya no quieren llevar a los conductores ebrios a la delegación para evitar la pérdida de tiempo, que, en ocasiones, se lleva hasta medio turno y pues así la casa pierde $.

Cuando ya de plano no hay de otra más que llevar al conductor borracho a la delegación, después de intentos e intentos de llegar a un arreglo $ en la calle, pues ni modo, lo llevan.

Comentan que hay broncas con los accesos en las claves para ingresar en las computadoras de vialidad, aunado a que algunos polis no se les da el uso de esos aparatejos, así que tienen que pagar algunos cientos de pesos al oficial de guardia para que les haga la chamba, que es elaborar el llamado IPH (Informe Policial Homologado) que awiwi tiene que subirse a la página de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana y quede en el Registro Nacional de Detenciones, de no ser así les cae bronca, hasta de secuestro los pueden acusar.

Foto ilustrativa