Proyecta Thor Salayandía reconversión industrial para Juárez
- Por Editora M
-Esto ante el agotamiento del modelo maquilador
Ciudad Juárez.- Con una visión crítica pero orientada a la acción, Thor Salayandia, líder empresarial y analista económico de la región, advierte que Ciudad Juárez se encuentra en un punto de inflexión histórico; continuar dependiendo del modelo maquilador o dar el salto hacia una economía basada en valor agregado, diseño y desarrollo de productos.
Desde su perspectiva, la narrativa oficial que coloca al empleo como principal motor de atracción de inversiones ha sido limitada y, en muchos casos, engañosa.
Explica que si bien la maquiladora ha permitido sostener niveles de ocupación, la riqueza real que se genera en la ciudad es mínima, ya que gran parte de los beneficios regresan a los países de origen de las empresas.
En ese sentido, cuestiona el discurso que presume a Chihuahua como líder en exportaciones, calificándolo como un “espejismo estadístico”, al tratarse en su mayoría de procesos de ensamblaje más que de producción nacional genuina.
En este contexto, describe un fenómeno que ya no es una amenaza futura, sino una realidad en curso; la migración de operaciones maquiladoras hacia países de Centroamérica como Honduras, donde los costos laborales son aún más bajos.
Esta tendencia, señala, debe encender alertas en la región, pues evidencia la fragilidad de un modelo basado únicamente en competir por precio.
Al mismo tiempo, reconoce que aún existen movimientos de inversión, como la llegada y expansión de empresas asiáticas, particularmente taiwanesas como Pegatron, que continúan generando empleo.
Sin embargo, advierte que estos anuncios suelen estar rodeados de expectativas infladas y promesas que no necesariamente se traducen en desarrollo sostenible para la ciudad.
Salayandia enfatiza que uno de los principales vacíos estructurales es la ausencia de una política industrial clara.
Critica que iniciativas como el llamado “Plan México” se han quedado en el terreno del marketing político, sin responder preguntas fundamentales; qué se va a producir, con qué recursos, bajo qué condiciones fiscales y en qué plazos.
Esta falta de definición, asegura, genera incertidumbre tanto para inversionistas como para empresarios locales.
Frente a este panorama, plantea la urgencia de construir una verdadera base de proveeduría regional, acompañada de una legislación que la respalde.
Considera que no basta con atraer grandes empresas, sino que es indispensable fortalecer a los proveedores locales para integrarlos a cadenas de valor más complejas. Esto implicaría, además, inversiones significativas en infraestructura crítica, especialmente en energía, agua y logística, condiciones sin las cuales cualquier polo de desarrollo sería inviable.
A pesar de las dificultades, destaca que Ciudad Juárez cuenta con ventajas competitivas sólidas; una mano de obra altamente capacitada y una ubicación geográfica privilegiada en la frontera con Estados Unidos.
No obstante, insiste en que estas fortalezas deben ser utilizadas estratégicamente para evolucionar hacia un modelo distinto, donde la región no solo ensamble productos, sino que también los diseñe, desarrolle y comercialice.
En ese sentido, propone un cambio de enfoque hacia la producción de bienes de consumo dirigidos tanto al mercado nacional como al estadounidense.
Señala que existe un amplio nicho desatendido en productos que actualmente se importan desde Asia, como termos, componentes para el hogar o artículos de uso cotidiano.
La oportunidad, explica, no está en competir con China en costos, sino en ofrecer valor agregado mediante diseño, calidad y tiempos de entrega más eficientes.
Asimismo, subraya la importancia de incorporar la tecnología como eje transversal del desarrollo económico.
Advierte que a partir de 2026 se acelerarán cambios significativos impulsados por la inteligencia artificial y la automatización, los cuales redefinirán la industria a nivel global.
De no anticiparse a esta transformación, Juárez corre el riesgo de quedar rezagado frente a otras regiones más innovadoras.
Bajo esta lógica, plantea una visión hacia 2030 en la que la ciudad logre consolidar un ecosistema industrial diversificado, capaz de generar productos propios, fortalecer su mercado interno y competir en segmentos de mayor valor.
Esto implicaría no solo una transformación económica, sino también un cambio cultural en la forma de entender la industria, la innovación y el papel del talento local.
Finalmente, el planteamiento de Thor Salayandia no se limita a la crítica, sino que constituye un llamado a la acción para gobiernos, empresarios y sociedad.
La transición, reconoce, no será sencilla ni inmediata, pero insiste en que es indispensable iniciar ahora. De lo contrario, la región podría seguir atrapada en un modelo que, aunque durante décadas fue motor de crecimiento, hoy muestra señales claras de agotamiento.