La Columna

EL LLORÓN

  • Por Editora M

Anda de llorón el Senador Juan Carlos Loera, acusando a sus compañeros ese partido de hacerle guerra sucia y golpetearle por su trabajo en la Cámara Alta. Dicen que a puñaladas iguales, llorar es cobardía, pero el brillante discípulo de La Corraleja solo cuenta las que le hacen y no las que él mismo hace. Obviamente, El Loerilla siente ahora que no cabrán juntos Andrea Chávez y él en la Presidencia Municipal, en el hipotético caso de que la bondad inmerecida de Sheinbaum les alcanzara. Lo risible es que diga que le critican por su trabajo cuando Juan Carlos siempre ha competido con Corral en ver quién es más huevón y más borracho. Pero como su descaro y su cinismo no tiene límites, contrató espacios en las redes sociales y contrató vocerillos para que defiendan lo indefendible. El Senador quiere ser Alcalde de Juárez pero, la verdad de las cosas, como todo mundo sabe, no le alcanza, así que le tocará apretar los dientes y llorar como plañidera.