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Analiza Movimiento Ciudadano reformas electorales en foro

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  • Por Editora M

Ciudad Juárez.- En un contexto nacional marcado por la discusión de las reformas electorales conocidas como Plan A y Plan B, el foro “Jueves Naranja”, impulsado por Movimiento Ciudadano, se convirtió en un espacio de análisis donde no solo se abordaron los cambios institucionales, sino también la forma en que estos se comunican y se entienden por la ciudadanía. 

Ahí, el especialista en comunicación y análisis político Gerardo Sáenz planteó una reflexión de fondo; el problema no es únicamente la reforma, sino cómo se le explica o no a la gente.

Una reforma entre lo legal y lo narrativo

El llamado Plan A, impulsado desde el Ejecutivo federal y discutido en el Congreso, planteaba una transformación estructural del sistema electoral mexicano; desaparición de organismos locales, reducción del presupuesto al árbitro electoral y cambios en la elección de consejeros. 

Sin embargo, al no alcanzar la mayoría calificada, esta propuesta no prosperó.

En contraste, el Plan B se configuró como una reforma secundaria, modificando leyes existentes sin alterar la Constitución. 

Entre sus puntos clave destacaron ajustes en la estructura operativa del Instituto Nacional Electoral, recortes presupuestales y nuevas reglas para el funcionamiento interno del sistema electoral. 

Esta vía generó controversia jurídica y política, al ser percibida por sectores como una forma indirecta de debilitar al órgano electoral.

Pero más allá del contenido técnico, el debate ha estado profundamente marcado por la narrativa política.

El marketing político: una historia que se repite

Durante su intervención, Sáenz fue contundente; el marketing político no es un fenómeno moderno, sino una constante histórica. “Lo que hoy llamamos rimbombante marketing político siempre existió”, afirmó, al comparar las estrategias actuales con las prácticas de los antiguos reyes que utilizaban juglares para comunicar su poder.

La analogía no es menor. Según explicó, estas formas de comunicación están diseñadas para exaltar la figura del líder, pero no necesariamente para generar entendimiento con la ciudadanía. 

Es decir, se privilegia el mensaje sobre la escucha.

Este enfoque cobra relevancia en el contexto de la reforma electoral. Para Sáenz, tanto el discurso a favor como en contra de los cambios ha caído en una lógica de propaganda, donde se simplifican conceptos complejos y se apela más a emociones que a información.

Uno de los puntos más críticos del análisis fue la brecha entre el lenguaje político y el ciudadano común. 
Sáenz señaló que uno de los errores históricos y persistentes es no hablar “el idioma de la gente”.

En este sentido, recordó una frase que utilizó como ejemplo durante el foro.

“Tienes que decirles”, una expresión que refleja la presión por comunicar, pero que no necesariamente implica comprensión.

El especialista advirtió que esta desconexión puede tener consecuencias graves en temas como la reforma electoral, donde la falta de claridad puede derivar en desinformación, polarización y desconfianza institucional.

Reforma electoral y percepción pública

El debate sobre el Plan A y Plan B no solo se ha librado en tribunales o en el Congreso, sino también en la arena pública. 

Redes sociales, conferencias de prensa y campañas mediáticas han sido el campo donde se construyen percepciones.

Para Sáenz, este fenómeno confirma que el marketing político sigue centrado en el líder y no en el ciudadano. 

La discusión deja de ser técnica para convertirse en simbólica; “defensa de la democracia” contra “transformación del sistema”, dependiendo del discurso que se escuche.

El foro concluyó con una reflexión que trasciende el tema electoral; la necesidad de replantear la comunicación política en México. 

No basta con emitir mensajes; es necesario generar entendimiento.
La reforma electoral, en cualquiera de sus versiones, implica cambios profundos en la vida democrática del país. 

Pero si estos cambios no se explican de manera clara, accesible y honesta, corren el riesgo de ser percibidos como imposiciones o, peor aún, de pasar desapercibidos para una ciudadanía cada vez más desconfiada.

En palabras del propio Sáenz, el verdadero desafío no es solo reformar las instituciones, sino reconstruir el puente entre el poder y la gente. 
Porque, como dejó claro en su intervención, la historia ha demostrado que comunicar sin entender es, en el fondo, una forma de no comunicar.