La música no tiene barreras pero la educación aún las tiene: Luis Castro
Your browser doesn't support HTML5 video.
- Por Editora M
-Luis Castro y la lucha por una formación incluyente en Juárez. Perdió la vista a los 14 años, se convirtió en músico profesional y hoy encabeza un ensamble que busca transformar la percepción social de la discapacidad.
Ciudad Juárez.— Para Luis Castro, la música representa mucho más que una expresión artística.
Es una profesión, una herramienta de enseñanza y una forma de demostrar que las limitaciones de una persona no necesariamente están determinadas por su discapacidad, sino también por las oportunidades que encuentra para desarrollar sus capacidades.
A sus 27 años, el guitarrista juarense acumula una trayectoria que incluye estudios universitarios, ocho años de experiencia como instructor musical y la dirección del Ensamble Música Braille, una agrupación integrada por cuatro músicos vinculados a la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ).
Su historia permite abordar una realidad poco visibilizada; los desafíos que enfrentan las personas con discapacidad visual para acceder a una formación artística profesional y la importancia de contar con instituciones capaces de adaptar sus métodos de enseñanza.
Luis perdió la vista a los 14 años como consecuencia de una enfermedad ocular conocida como pars planitis.
La disminución de su capacidad visual fue progresiva.
Primero aparecieron las dificultades para distinguir objetos, escribir correctamente o desplazarse con seguridad; después llegó el momento en que únicamente podía percibir luces y sombras, hasta perder completamente la visión.
Sin embargo, la enfermedad no interrumpió su preparación académica.
Concluyó la educación media superior en el Colegio de Bachilleres y posteriormente tomó una decisión que definiría su futuro; estudiar la licenciatura en Música.
El ingreso a la universidad representaba un desafío que iba más allá de aprobar un examen de admisión.
Debía enfrentar un sistema de enseñanza diseñado principalmente para estudiantes que utilizan partituras impresas, materiales visuales y métodos convencionales de interpretación musical.
Fue entonces cuando encontró el acompañamiento del doctor Roberto Prieto, relacionado con el programa de iniciación musical del Centro de Estudios para Invidentes A. C. (CEIAC), donde comenzó a prepararse mediante el aprendizaje de la musicografía braille.
Esta herramienta permite representar notas, figuras rítmicas y otros elementos de la escritura musical mediante combinaciones de puntos en relieve que se identifican a través del tacto.
El aprendizaje también estuvo acompañado de habilidades necesarias para su autonomía, entre ellas el uso del bastón para desplazarse.
Su ingreso a la UACJ abrió una nueva etapa
Aunque inicialmente provocó sorpresa entre quienes no estaban acostumbrados a encontrar estudiantes con discapacidad visual en una licenciatura musical, logró superar los procesos de admisión, incluyendo las evaluaciones teóricas y una audición de guitarra.
Durante su formación, docentes universitarios, con la colaboración de Roberto Prieto y del maestro David Escobedo, participaron en la adaptación de contenidos académicos para facilitar el aprendizaje de estudiantes con discapacidad visual.
Ese acompañamiento constituye uno de los aspectos más relevantes de su trayectoria; la posibilidad de que una institución educativa modifique sus herramientas de enseñanza para responder a las necesidades de sus alumnos, sin renunciar a la preparación académica que exige una profesión.
En el caso de Luis, dominar la guitarra significó desarrollar memoria muscular, orientación táctil y una práctica constante para identificar posiciones, movimientos y secuencias musicales.
Aunque recibió formación en música clásica, su repertorio se amplió hacia el flamenco, los tangos, los boleros y otros géneros populares.
Con el paso de los años, aquella experiencia individual comenzó a convertirse en un proyecto colectivo.
Actualmente dirige el Ensamble Música Braille, integrado también por los pianistas Arturo Urrutia y Sebastián Quezada, así como por el flautista Misael Durán.
Sus integrantes son estudiantes o egresados de la licenciatura en Música de la UACJ.
La agrupación lleva tres años trabajando conjuntamente y ha construido una propuesta artística que combina interpretación musical, formación profesional y sensibilización sobre la discapacidad visual.
A diferencia de una presentación convencional, sus actividades también buscan acercar al público al conocimiento de los procedimientos mediante los cuales una persona ciega puede estudiar, interpretar y desarrollar música profesionalmente.
La musicografía braille ocupa un lugar importante en ese proceso.
Sin embargo, presenta particularidades que obligan a desarrollar técnicas de aprendizaje distintas.
Los intérpretes no pueden consultar simultáneamente la partitura táctil y ejecutar un instrumento que requiere ambas manos, por lo que la memorización forma parte esencial de su preparación.
A través de esta experiencia, Luis también ha desarrollado una actividad docente que comenzó hace ocho años, impartiendo clases a niños y jóvenes con y sin discapacidad visual.
La enseñanza se ha convertido en otra dimensión de su trabajo; trasladar los conocimientos adquiridos a nuevas generaciones y demostrar que la formación musical puede desarrollarse mediante diversas metodologías.
Su siguiente presentación pública está programada para el sábado 17 de octubre, a las 16:30 horas, en la explanada del Centro Cultural Paso del Norte, como parte del Festival Internacional Chihuahua.
El ensamble interpretará boleros y adaptaciones de música popular en español e inglés, con obras de artistas como Juan Gabriel, Luis Miguel y Bruno Mars.
La agrupación también ha participado en espacios culturales, museos y actividades empresariales, entre ellos La Rodadora y el Museo de la Revolución en la Frontera.
No obstante, sus aspiraciones van más allá de los escenarios. Algunos de sus integrantes desarrollan composiciones originales y tienen entre sus proyectos la grabación de un álbum que permita documentar y difundir profesionalmente su propuesta artística.
Luis Castro destacó que una de las principales enseñanzas de su trayectoria ha sido comprender la importancia de encontrar personas, instituciones y herramientas que permitan avanzar en la formación académica y laboral.
Su experiencia plantea una reflexión que trasciende la música; la inclusión educativa no se limita a permitir el acceso de estudiantes con discapacidad a las aulas, sino que requiere condiciones reales para que puedan aprender, concluir sus estudios y ejercer una profesión.
En Ciudad Juárez, la trayectoria de estos cuatro músicos constituye un ejemplo concreto de lo que puede lograrse mediante la colaboración entre docentes, instituciones especializadas y universidades.
La historia de Luis Castro no se explica únicamente por haber perdido la vista y aprendido a tocar un instrumento.
Su verdadera dimensión está en haberse convertido en profesionista, maestro y promotor de una forma distinta de entender la educación musical.
Porque el principal desafío de la inclusión no consiste en demostrar que una persona con discapacidad puede superar obstáculos, sino en construir una sociedad donde esos obstáculos dejen de impedirle ejercer plenamente sus capacidades.
Y en esa transformación, Luis Castro y sus compañeros han encontrado en la música una manera de hacerse escuchar.