La Columna

LA ASTUCIA

  • Por Editora M
LA ASTUCIA

Con hilarantes acciones empezó el reinado de Chilito Loya en la Fiscalía General del Estado, seguramente sugeridas y producidas por su estulto y nunca bien ponderado asesor en materia de descomunicación social. Intentaron hacer ver al nuevo Fiscal, aspirante a ser autónomo, como muy sácale punta en eso de las detenciones y le prepararon un show para dar a conocer la detención del homicidio del dueño de Chachitos. Pero, la verdad de las cosas, no fue Loya y su gente la que logró la aprehensión, sino la policía municipal de Tapachula, Chiapas. El Zorro obtuvo el parte informativo de aquella localidad, en el cual el agente Jaime Daniel Pinto Godínez informó a sus superiores que detuvo a Julio César Carrizales Rojas, de 27 años, de origen venezolano, por escandalizar en la vía pública. El trinitario, que se negó a obedecer la orden de calmarse y retirarse, fue detenido y momentos después resultó ser a quien se le atribuye el crimen del señor Wisbrum. Pero Chilito Loya, más rápido que una bala, con una astucia con la que nadie contaba, vio ahí la suya y pensó, mal asesorado por la ignorancia y el hambre de ser, que estaba en ese momento la oportunidad de atacar a Zuany y colgarse una medalla de eficiencia para hacer que retumbara la tierra y el cielo se cayera por su intrepidez y fuera para actuar.