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La frontera norte vuelve a dar señales de cansancio: economista

  • Por Editora M
La frontera norte vuelve a dar señales de cansancio: economista

Ciudad Juárez.- La frontera norte vuelve a dar señales de cansancio. 

En Ciudad Juárez, donde durante décadas el pulso económico se midió por el ritmo de las líneas de producción y la contratación en maquiladoras, hoy el termómetro marca desaceleración. 

Menos vacantes, ajustes de personal y una sensación de pausa que no es nueva, pero sí preocupante por la suma de factores que la provocan. 

Para Isaac Leobardo Sánchez Juárez, responsable del Laboratorio de Economía de la UACJ, lo que ocurre no es un hecho aislado ni coyuntural; es parte de un ciclo que se repite y que, si no se rompe, volverá a cobrar factura.

Desde su análisis, la caída paulatina del empleo en la industria manufacturera de exportación responde a una tormenta de causas que confluyen al mismo tiempo. 

Por un lado, el entorno internacional se ha vuelto más restrictivo. 
La política comercial de Estados Unidos, marcada por el regreso de Donald Trump al discurso del nacionalismo económico, ha reconfigurado decisiones de inversión y producción. 

El mensaje es claro; producir dentro de su territorio o, al menos, reducir la dependencia externa. 

Esa lógica desplaza capitales, frena expansiones y obliga a las empresas a replantear dónde y cómo fabrican.
A ese escenario se suma un cambio estructural que dejó la pandemia. 

Las cadenas globales de producción ya no son las mismas. 

Muchas empresas aprendieron que depender de un solo país o región implica riesgos, y optaron por diversificar o automatizar procesos. 

En ese punto, Sánchez Juárez subraya uno de los factores más sensibles para ciudades como Juárez; la automatización.

Cada vez más tareas que antes requerían mano de obra intensiva hoy se resuelven con tecnología, reduciendo la necesidad de trabajadores, incluso cuando la producción se mantiene.

Pero el diagnóstico no se queda en lo externo. 

Hacia adentro, México enfrenta decisiones que, desde la óptica económica, han incrementado la incertidumbre. 

Una mayor carga fiscal, cambios institucionales percibidos como erráticos y la reducción o desaparición de órganos autónomos han generado señales contradictorias para la inversión. 

No se trata solo de números, sino de confianza. 

Cuando esta se debilita, el capital busca destinos donde las reglas sean más claras y los costos más bajos.

Y en esa competencia global, México ya no juega solo contra Estados Unidos o Canadá. 

Países como Honduras y varias economías del este de Asia, entre ellas Filipinas, ofrecen costos laborales más bajos y esquemas atractivos para la manufactura.

En ese tablero, Juárez compite no solo con otras ciudades mexicanas, sino con el mundo entero.

Aun así, el economista no habla desde el pesimismo absoluto. 

Reconoce que, como en otros momentos, habrá recuperación. 
La historia económica de la frontera muestra picos y valles. 

El problema, advierte, es que sin cambios de fondo el ciclo se repetirá; crecimiento, auge, desaceleración y caída. 

La pregunta no es si volverán los empleos, sino en qué condiciones y por cuánto tiempo.

Ahí entra la idea central que Sánchez Juárez plantea con insistencia; la reindustrialización mexicana. 
No como eslogan, sino como una tarea pendiente desde los años ochenta.

Para él, el país apostó durante décadas a ser un gran ensamblador para el mercado externo, pero dejó de lado la creación de empresarios y empresas nacionales capaces de competir internacionalmente con marca, tecnología y valor agregado propio. 

Sin esa base, la economía queda expuesta a decisiones tomadas fuera del país.

En ese contexto, el llamado Plan México, anunciado el 13 de enero de 2025, aparece como una ventana de oportunidad. 

El plan apunta a impulsar capacidades productivas nacionales y reducir dependencias, con proyectos concretos que ya están en marcha. Sánchez Juárez menciona la producción de camiones para ciudades, automóviles de uso privado y vacunas, iniciativas impulsadas desde la Secretaría de Ciencias en coordinación con la Secretaría de Economía y universidades como la UNAM y el Politécnico Nacional. 

Son pasos relevantes, aunque todavía insuficientes frente al tamaño del reto.
El principal obstáculo, señala, es el financiamiento y la velocidad. 

La reindustrialización no se logra con anuncios ni con proyectos aislados. Requiere inversión sostenida, articulación entre gobierno, academia y sector privado, y una estrategia clara de largo plazo. 

De lo contrario, el avance será lento y fragmentado.

Para dimensionar el desafío, el economista recurre a un ejemplo recurrente en los estudios de desarrollo; Corea del Sur. 

Un país que, tras la guerra en los años cincuenta, apostó por la industrialización, la educación y la tecnología como política de Estado durante décadas. 

El resultado no fue inmediato. 
Tomó generaciones, reformas profundas y una visión que trascendió gobiernos. 

Hoy, ese esfuerzo explica su posición en la economía global.

México, advierte Sánchez Juárez, está apenas en etapas iniciales de un proceso similar, uno que podría tomar más de 50 años si se hace bien. 

La urgencia radica en empezar y, sobre todo, en no detenerse. 

El contexto actual, incluso la presión inducida desde Estados Unidos, puede jugar a favor si se aprovecha para fortalecer capacidades internas. 

Pero el desenlace dependerá de algo más que buenas intenciones; de la forma en que se financien y ejecuten las acciones del Plan México y de la capacidad del país para reducir la incertidumbre y sostener la confianza.

En ciudades como Juárez, donde cada ajuste en la industria se refleja de inmediato en miles de hogares, la reindustrialización deja de ser un concepto académico y se convierte en una necesidad tangible. La alternativa, concluye el especialista, es seguir administrando ciclos que ya conocemos demasiado bien. 

Y en una economía global cada vez más competitiva, repetir la historia puede salir más caro que cambiarla.