Ciudad Juárez.- En los pasillos del Centro de Servicios Comunitarios Integrados (CSCI) Parajes de San José, entre mesas de trabajo, materiales para manualidades y grupos de mujeres concentradas en aprender un oficio, Cristina Olvera encontró mucho más que un curso de capacitación.
Encontró una nueva forma de reconstruir su economía familiar, redefinir su vida laboral y convertir la experiencia personal en una herramienta de apoyo para otras personas.
Su historia comenzó hace algunos años, cuando llegó al Centro Comunitario Fray García de San Francisco con la intención de aprender aplicación de pestañas y generar un ingreso adicional para sostener a su familia.
En ese momento, como muchas mujeres fronterizas, dividía sus días entre las responsabilidades del hogar, el trabajo en la industria maquiladora y el cuidado de sus hijos.
Sin imaginarlo, aquel primer acercamiento a los talleres comunitarios terminaría transformando su proyecto de vida.
Madre de tres hijos de 24, 22 y 21 años, además de participar activamente en el cuidado de su nieta de cinco años, Cristina descubrió que los cursos no solo representaban una oportunidad económica accesible, sino también un espacio de convivencia, aprendizaje y crecimiento personal.
Poco a poco comenzó a capacitarse en distintas áreas, acumulando conocimientos y certificaciones en decoración con globos, elaboración de jabones artesanales, queratinas capilares y otras actividades enfocadas al autoempleo.
Durante años mantuvo una doble jornada; cumplir con sus responsabilidades en la maquiladora mientras continuaba asistiendo a capacitaciones para perfeccionar nuevas habilidades.
La constancia terminó por abrirle nuevas puertas. Con más de seis diplomas obtenidos, sus conocimientos comenzaron a convertirse en una fuente complementaria de ingresos que hoy representan cerca del 50 por ciento de su economía familiar.
El momento decisivo llegó tras ser liquidada de la empresa maquiladora donde laboraba.
Lo que para muchas familias representa incertidumbre económica y desempleo, para Cristina significó la posibilidad de reinventarse.
En lugar de abandonar lo aprendido, decidió convertirlo en una herramienta para ayudar a otras personas.
Con una vocación orientada al trabajo comunitario y al acompañamiento social, comenzó a compartir sus conocimientos con mujeres interesadas en emprender pequeños negocios desde casa o encontrar alternativas de ingreso para sus familias. Actualmente se desempeña como tallerista en el CSCI Parajes de San José, donde imparte cursos de decoración con globos, jabones artesanales y queratinas capilares.
Desde su experiencia, los talleres comunitarios representan mucho más que actividades recreativas.
Considera que estos espacios permiten a muchas mujeres recuperar confianza, fortalecer habilidades y encontrar oportunidades reales de independencia económica en contextos donde el empleo formal suele ser insuficiente o limitado.
La historia de Cristina también refleja el impacto social que tienen los centros comunitarios en sectores populares de Ciudad Juárez, particularmente en zonas donde muchas familias enfrentan dificultades económicas y pocas oportunidades de capacitación accesible. Actualmente, el CSCI Parajes de San José cuenta con 17 cursos activos y una matrícula de 291 alumnas y alumnos, además de proyectar la incorporación de nuevos talleres como salsas artesanales y auxiliar en ingeniería industrial.
A través de los Centros Comunitarios de la Subsecretaría de Desarrollo Humano y Bien Común, encabezada por la subsecretaria Austria Galindo.
En medio de un contexto económico cada vez más complejo para muchas familias fronterizas, historias como la de Cristina Olvera evidencian cómo la capacitación comunitaria puede convertirse en una alternativa real de desarrollo social, especialmente para mujeres que buscan equilibrar el trabajo, la maternidad y la necesidad de construir un futuro más estable para sus hogares.