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Resguarda el Panteón de Dolores memorias en piedra

  • Por Editor

Chihuahua.- El crujir de la hojarasca y el peso de la cantera desgastada por el tiempo marcan el pulso en la calle 16 de la colonia San Jorge. Ahí se levanta el Panteón de Dolores, una necrópolis que supera los 114 años de historia acumulada, resguardando entre sus pasillos de tierra el susurro de la Revolución Mexicana, las luces de la política estatal y la devoción de un pueblo. 

En sus patios, la muerte ha logrado una tregua insólita, reunir bajo la misma tierra a enemigos irreconciliables, próceres de la vida pública y figuras veneradas.

Casi a la entrada del recinto, en el patio número ocho, reposa una tumba que evoca episodios de pólvora y fuego, se trata de la tumba del general Rodolfo Fierro. Conocido históricamente con el apodo de "El carnicero", el general Fierro fue el brazo fuerte, la mano derecha y el encargado de la seguridad de Francisco Villa. Su sepulcro contrasta con la serenidad del entorno, recordando a quien fuera uno de los combatientes más temidos y despiadados de la División del Norte.

A poca distancia de la ferocidad revolucionaria se respira la solemnidad de la fe. Entre los pasillos del panteón se encuentra el sepulcro de San Pedro de Jesús Maldonado Lucero. Nacido en la ciudad de Chihuahua el 15 de junio de 1892 y martirizado el 11 de febrero de 1937 en el marco de las tensiones religiosas de la Segunda Guerra Cristera, este sacerdote diocesano se convirtió en el primer santo y mártir canonizado del estado. 

Su tumba se mantiene como una de las más visitadas; velas encendidas, flores frescas y oraciones continúan alimentando la profunda veneración que la comunidad católica le profesa.   

El valor histórico del Panteón de Dolores trasciende con la presencia de un entramado de personalidades que trazaron el rumbo de la región. En sus veredas descansa Doña Luz Corral de Villa, la inolvidable esposa del "Centauro del Norte" que vivió durante décadas custodia de la memoria villista, al lado del recuerdo de Doña Trinidad Corral, madre del jefe revolucionario. 

Muy cerca de ellas descansan los restos de Miguel Trillo, el leal secretario personal que acompañó a Villa hasta su último aliento en Parral.   
El ámbito político e intelectual de la época también dejó sus huellas talladas en cantera y mármol. En el panteón de Dolores se hallan las sepulturas de gobernadores que marcaron época, como Miguel Ahumada, Óscar Ornelas (junto a su esposa Leonor), y Óscar Flores.

Asimismo, descansan las cenizas del general Pascual Orozco, líder clave del levantamiento de 1910 cuyos restos fueron repatriados desde Estados Unidos para descansar en el suelo chihuahuense que lo vio luchar. La riqueza literaria e historiográfica del estado tiene su propio espacio con la tumba de José Fuentes Mares, ilustre historiador, maestro y escritor que plasmó con maestría los pasajes del norte de México.   

Caminar por las veredas del panteón en la colonia San Jorge permite apreciar cómo las esculturas de mármol y las construcciones de cantera y sus capillas albergan capítulos enteros de la historia de México. El Panteón de Dolores no es solo un cementerio centenario; es un archivo a cielo abierto donde el misticismo, la política, la literatura y la guerra descansan en un eterno e histórico silencio.