A ti ciudadano.
Christoph Meili era un vigilante nocturno sin poder dentro del sistema bancario suizo. Sin embargo, una noche de 1997 quedó frente a una decisión que podía costarle el empleo: guardar silencio o impedir que una parte de la historia desapareciera dentro de una trituradora.
Trabajaba para una empresa de seguridad que vigilaba las instalaciones de la Unión de Bancos Suizos en Zúrich. El 8 de enero encontró varios carros cargados con libros y documentos antiguos preparados para ser destruidos.
Algunos procedían del archivo de la Eidgenössische Bank, una entidad absorbida por el banco en 1945 que había mantenido importantes relaciones comerciales con Alemania durante el régimen nazi.
En aquel momento, Suiza atravesaba una fuerte controversia por los bienes depositados por víctimas del Holocausto y nunca devueltos a sus herederos. Además, estaba vigente una orden para preservar los archivos que pudieran ayudar a esclarecer el destino de esas cuentas, propiedades y operaciones. Meili comprendió que aquellos documentos no debían terminar convertidos en residuos.
Tomó varios registros, los llevó a su casa y después contactó con una organización de la comunidad judía de Zúrich, que los entregó a la policía. Su decisión no resolvió por sí sola la investigación sobre los bancos suizos, pero demostró que todavía existían archivos históricos mientras algunas instituciones afirmaban que quedaba muy poca documentación disponible.
La reacción fue inmediata. Meili perdió su empleo y las autoridades de Zúrich abrieron una investigación por una posible violación del secreto bancario. También recibió amenazas contra él y su familia, mientras una parte de la sociedad lo consideraba un hombre valiente y otra lo acusaba de haber traicionado a su país.
En mayo de 1997 viajó a Washington y relató lo ocurrido ante el Comité Bancario del Senado estadounidense. Dos meses después, el Congreso aprobó una ley especial que concedió residencia permanente a Meili, su esposa y sus hijos. La familia abandonó Suiza mientras continuaba el debate internacional sobre los bienes de las víctimas del nazismo.
En 1998, varios bancos suizos alcanzaron un acuerdo de 1.250 millones de dólares con demandantes judíos y supervivientes del Holocausto.
La denuncia de Meili fue una de las acciones que aumentaron la presión para investigar los archivos, aunque el proceso había comenzado antes y reunió numerosas pesquisas y reclamaciones. La causa abierta contra él en Suiza terminó archivada y, después de años en Estados Unidos, regresó a su país en 2009.
Christoph Mdili no encontró lingotes de oro ni una lista capaz de explicar por sí sola todo lo sucedido. Encontró documentos destinados a desaparecer y comprendió que destruir un archivo también puede significar borrar las pruebas que necesitan las víctimas.
A veces, proteger la historia comienza con un acto tan sencillo y arriesgado como retirar unas hojas de una trituradora.