Invitado Especial

El carnicero de Cracovia: Amon Goth

  • Por Víctor Estala Banda
El carnicero de Cracovia: Amon  Goth

 

Un ciudadano

 

Existe un monstruo real en la historia moderna cuya crueldad fue tan desmesurada que Hollywood tuvo que suavizar sus acciones en el cine porque el público no habría creído que un ser humano pudiera ser tan despiadado. Su nombre era Amon Göth, el infame comandante del campo de concentración de Plaszow, mundialmente conocido como el Carnicero de Cracovia y retratado como el sádico antagonista en la obra maestra cinematográfica La lista de Schindler.

Mientras el empresario Oskar Schindler arriesgaba todo para salvar vidas humanas, Göth convirtió el dolor ajeno en un macabro deporte diario. Nacido en Viena, Göth ascendió rápidamente en las filas de las SS debido a su absoluta falta de empatía y una frialdad administrativa que aterrorizaba a cualquiera.

Los prisioneros del campo vivían en un estado de pánico constante. Desde el balcón de su lujosa villa, que tenía una vista panorámica directa hacia el campo de trabajos forzados, Göth solía desayunar con un rifle de alta precisión en la mano.

Sin provocación alguna, elegía objetivos al azar entre los prisioneros que caminaban abajo y disparaba a sangre fría solo para practicar su puntería matutina. Nadie estaba a salvo, ni los ancianos, ni las mujeres, ni los niños que se cruzaron en su línea de visión. Su sadismo no se limitaba a las armas de fuego.

Siempre caminaba acompañado por sus dos enormes perros feroces, entrenados específicamente para atacar y desgarrar a los prisioneros bajo la más mínima orden.

La presencia de Göth infundía tal terror que los prisioneros sabían que mirar al comandante a los ojos equivalía a una sentencia inmediata de muerte. Incluso sus propios subordinados militares le temían debido a sus brutales e impredecibles ataques de ira. Al final de la Segunda Guerra Mundial, la justicia finalmente lo alcanzó.

Y así fue como, fue capturado por las fuerzas aliadas y juzgado en Polonia por crímenes contra la humanidad. Durante el proceso judicial, Göth no mostró ni un solo gramo de arrepentimiento, manteniendo una postura altiva y defendiendo sus actos como simples órdenes militares que debía cumplir.

En septiembre de 1946, fue ejecutado en la horca muy cerca del mismo lugar donde sembró el terror, dejando un legado oscuro que recuerda los abismos más profundos a los que puede llegar la maldad.