A ti ciudadano.
Durante el sexenio de José López Portillo, Arturo “El Negro” Durazo Moreno llegó a controlar la pocapitalina. Pero detrás de esa estructura había otro personaje mucho menos conocido: Francisco Sahagún Baca, jefe de la División de Investigaciones para la Prevención de la Delincuencia (DIPD) y uno de los hombres más cercanos a Durazo.
Sahagún Baca no era un policía cualquiera. Su nombre quedó ligado a una de las etapas más oscuras de la policía capitalina, marcada por denuncias de tortura, detenciones arbitrarias, desapariciones y corrupción.
La DIPD fue creada en 1976 y quedó bajo su dirección. Desde ese puesto, Sahagún tuvo bajo su mando grupos operativos que actuaban en las calles y en instalaciones policiales como los sótanos de Tlaxcoaque, donde posteriormente sobrevivientes denunciaron haber sido víctimas de torturas y malos tratos.
Durazo y Sahagún formaban una dupla particularmente poderosa.
Durazo era el jefe de la policía del Distrito Federal. Sahagún encabezaba uno de los principales cuerpos de investigación y operación de la corporación.
Pero el episodio que terminó convirtiendo a Sahagún Baca en uno de los nombres más polémicos de aquella época fue el caso del río Tula.
En enero de 1982 fueron encontrados en instalaciones del sistema de drenaje profundo de Hidalgo varios cuerpos, entre ellos los de ciudadanos colombianos. Las víctimas presentaban huellas de violencia y tortura.
Las investigaciones posteriores vincularon el caso con integrantes de la DIPD. De acuerdo con reconstrucciones periodísticas, varios de los detenidos habían sido interrogados y torturados previamente en instalaciones policiales.
Sahagún Baca apareció señalado como uno de los principales responsables dentro de la cadena de mando.
Sin embargo, aquí es donde la historia exige una precisión importante: las acusaciones contra Sahagún y Durazo por el caso del río Tula no deben confundirse con una sentencia judicial que haya establecido definitivamente su responsabilidad como autores intelectuales.
Distintas declaraciones de exintegrantes de la DIPD los señalaron, pero también existen cuestionamientos sobre el valor probatorio de algunos testimonios.
El caso, sin embargo, dejó al descubierto algo más profundo: una corporación policial en la que algunos agentes fueron acusados de utilizar métodos criminales mientras estaban investidos de autoridad.
Cuando terminó el gobierno de López Portillo, el imperio policial de Durazo comenzó a desmoronarse. Las investigaciones sobre corrupción y abusos alcanzaron al propio jefe policiaco, quien posteriormente fue detenido y procesado.
Sahagún Baca, en cambio, quedó como una figura mucho más discreta y menos conocida.
Su nombre sobrevivió en expedientes, testimonios y reportajes sobre aquella época. Incluso años después volvió a aparecer públicamente por una faceta completamente distinta: la música. En 1981 participó como compositor en el Festival OTI.
La historia de Francisco Sahagún Baca representa una de las contradicciones más inquietantes del México de aquellos años: un hombre que ocupó una posición de enorme poder dentro de la policía capitalina y que, al mismo tiempo, terminó señalado en investigaciones sobre algunos de los episodios más violentos de aquella corporación.
Su trayectoria también recuerda que la historia de la policía de Durazo no puede explicarse únicamente por la figura de “El Negro”. Detrás del jefe existía toda una estructura de hombres que ejecutaban, investigaban, interrogaban y operaban en su nombre.
Y Sahagún Baca fue uno de ellos.
¿Cuánto poder llegó realmente a concentrar Francisco Sahagún Baca dentro de la policía de la Ciudad de México?…
Excelente fin de semana.