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CARA O CRUZ

  • Por Editor R
CARA O CRUZ

La sucesión de Chihuahua dejó de ser una carrera anticipada para convertirse en la primera gran prueba de control político de Morena rumbo a 2027. En un extremo está Cruz Pérez Cuéllar, quien dejó la Presidencia Municipal de Ciudad Juárez el 17 de junio para recorrer el estado; en el otro, Andrea Chávez, quien obtuvo licencia indefinida del Senado desde el 15 de abril para competir por la candidatura. Los dos movimientos eliminaron cualquier ambigüedad; ambos están concentrados en conquistar la Coordinación de la Defensa de la Transformación, antesala de la candidatura al Gobierno del Estado, aunque también está el Profeta Martin Chaparro. Los números públicos, hasta ahora, inclinan mayormente la moneda hacia Cruz, aunque están lejos de cerrar la contienda. Consulta Mitofsky, con 1,200 entrevistas levantadas del 18 al 21 de julio, ubicó a Pérez Cuéllar con 28.3% frente a 26.2% de Chávez; Buendía & Márquez, mediante 1,200 entrevistas cara a cara entre el 29 de julio y el 3 de agosto, reportó 34% contra 31%. La medición de Electoralia difundida el 7 de septiembre amplió la diferencia; 35% para Cruz y 28% para Andrea, aunque un significativo 27% permanecía indeciso. Pero la fotografía no es uniforme. Question Mark registró en agosto a Chávez con 33% y a Pérez Cuéllar con 31%, un empate técnico que confirma que la definición no puede reducirse a seleccionar la encuesta más conveniente. El verdadero dato político es otro; prácticamente todas las mediciones colocan a ambos muy por encima del resto de los perfiles morenistas y a Cruz muy por encima de Andrea. La sucesión, salvo un cambio extraordinario, se ha convertido en una competencia de dos. La disputa ya rebasó las fronteras de Morena y alcanzó a sus aliados. El Partido Verde ha expresado respaldo a Pérez Cuéllar, mientras sectores del Partido del Trabajo han cerrado filas con Andrea Chávez. Esa división transforma la competencia personal en un problema de arquitectura electoral; quien resulte seleccionado no solamente tendrá que sumar al adversario interno, sino reconstruir la cohesión de una coalición que llega al proceso con preferencias distintas sobre quién debe encabezarla. También existe una batalla menos visible. La dirigencia nacional de Morena ha tenido que intervenir para contener la confrontación entre grupos ligados a ambos aspirantes. Reportes recientes documentan reuniones de la presidenta nacional, Ariadna Montiel, con Chávez y Pérez Cuéllar para exigir moderación, mientras circulan encuestas, filtraciones, rumores y contenidos anónimos destinados a erosionar al contrario. Morena enfrenta así un dilema conocido: una competencia suficientemente intensa para legitimar al ganador, pero no tan destructiva que vuelva imposible reunir a los derrotados después de la definición. El tamaño del riesgo se entiende al observar la elección constitucional. Mitofsky registró en julio a Morena con 35.8% de preferencia estatal frente a 19.3% del PAN; GobernArte, en septiembre, colocó a Morena-PT-PVEM en 46.3%, contra 29.5% del PAN. Las metodologías y porcentajes son distintos, pero ambas mediciones coinciden en algo; Morena arranca competitivo para disputar un estado actualmente gobernado por Acción Nacional. Una ruptura entre cruzistas y andreístas podría convertir una ventaja partidista en una elección mucho más cerrada. Por eso, la moneda sigue en el aire. Pérez Cuéllar llega a septiembre fortalecido por varias encuestas públicas, conocimiento estatal, estructura territorial y el peso electoral de Ciudad Juárez; Chávez conserva competitividad, identidad histórica dentro de Morena, respaldo de escasos sectores de la 4T y el factor de género en un proceso donde la paridad también será considerada. Y hay una variable definitiva que todavía no es pública; Morena mantiene bajo reserva sus propias encuestas y someterá la decisión a factores adicionales de reputación, competitividad y equilibrio político. En Chihuahua, por ahora, no hay candidato( hay Cara o Cruz, dos proyectos enfrentados por la misma moneda y una dirigencia nacional que deberá decidir cómo lanzarla sin partir al movimiento.