En la sesión de ayer del Tribunal Superior de Justicia ocurrió un pequeño percance que movió a risa a los Magistrados del Pleno y a los presentes en el lugar. Una Magistrada Civil tuvo la fina ocurrencia de reclamar las sillas y la ubicación de éstas en torno a la Presidenta Marcela Herrera Sandoval. Incluso, llegó al ridículo de pedir que se votara el lugar en donde cada miembro del Tribunal se sentaría en cada reunión de ese órgano colegiado. Otra Magistrada se levantó de su lugar y ofreció a la primera su silla para evitar la pena de discutir algo sin trascendencia. Obviamente, todos los Magistrados tienen los mismos derechos y obligaciones cuando sesionan en el Pleno. Y el brillo que una Sala adquiere no se obtiene por la cercanía con la Presidenta sino por el trabajo que se realice al resolver las controversias jurídicas que se le encarguen. Ademas, los turnos para presidir el Tribunal Superior de Justicia ya fueron otorgados en base al número de votos obtenidos, así que en ese sentido no podrán cambiarse las cosas. Los demás Magistrados sintieron pena ajena porque en ese momento estaba presente el Fiscal César Jáuregui Moreno, quien se mantuvo con un rostro inmutable durante el dislate.