Quién sabe qué pasaría pero El Yako y su gente se desinflaron antes de llegar a la Caseta de Sacramento. Por tanto, lo que se anunció como un paro nacional de enormes dimensiones, incluido el posible cierre de puentes, terminó en una mini movilización de una veintena de personas. La gracia de su protesta consistió en dejar el paso libre a los automovilistas que circulaban por la zona, sin afectar las vías terrestres de comunicación. O séase, prefirieron perjudicar al Estado que a la Federación, a pesar que sus demandas fueron enfocadas en contra de esta última. De ser un tigre de Namiquipa, El Yako se convirtió en un gatito de sala que adorna las casas cuando llegan los visitantes.