Nuevamente la coyuntura coloca a Maru, como a otros Gobernadores en su tiempo, en la encrucijada de romper con la Federación o subyugarse a sus caprichos y vaivenes. El sentimiento anunciado centralista que siempre ha existido en el norte del país recuerda la gesta de Texas que se declaró república independiente durante cinco años y luego se anexó mediante un plebiscito a la Unión Americana. La Federación le quita, no le Ada, a Chihuahua, y sus competencias constitucionales, como serían la salud, la seguridad, las carreteras y otros, están para el arrastre. A cambio, se lleva al sur todo el monto de los impuestos recaudados, en una relación desigual, injusta e inequitativa para los chihuahuenses. La Gobernadora tiene al congreso de su lado, con Mayoría Calificada inclusive, que pudiera proceder a efectuar una declaratoria para separarse del Pacto Federal y abandonar la república centralista de Morena. Maru ha logrado jalar la simpatía de actores nacionales pero sobretodo de los demás estados norteños que viven de uno u otro modo la misma situación. El Juicio Político que anunciara Ariadna Montiel no tiene salida ni llegará a buen puerto, pues en el caso dado que los Diputados Federales de Morena impusieran su mayoría para hacerlo, tendrían que remitirlo al Congreso Local para su substanciación y votación, en donde seguramente se toparían las negras intenciones de la Federación. Pero, apare de eso, ¿no caería bien separarse de la agresiva, injusta, opresora y facciosa Federación para crear una entidad realmente libre y soberana sin tener el pie en el cuello?