Diseñan la iglesia San Juan XXIII con una fusión de estilos arquitectónicos
- Por Laura Ríos Medina


Diseño realizado por el arquitecto Juan Leonardo de la Hoya Villa

Diseño realizado por el arquitecto Juan Leonardo de la Hoya Villa

Diseño realizado por el arquitecto Juan Leonardo de la Hoya Villa

Diseño realizado por el arquitecto Juan Leonardo de la Hoya Villa








Ciudad Juárez.- La iglesia San Juan XXIII, ubicada en la colonia Campos Elíseos, es un proyecto arquitectónico que destaca por su diseño y la participación de una amplia comunidad de trabajadores, arquitectos y artesanos, tanto locales como internacionales. El arquitecto encargado de la obra, Juan Leonardo de la Hoya Villa, egresado de la UACJ, fue el responsable de los planos y diseño de la iglesia, mientras que la mayoría de los trabajadores que participaron en su construcción fueron originarios de Ciudad Juárez.
La construcción de la iglesia fue posible gracias a la colaboración de más de 140 personas, quienes contribuyeron en diferentes etapas del proyecto. La mayoría de los trabajadores fueron locales, como carpinteros, ingenieros y artesanos de Ciudad Juárez. Sin embargo, también participaron profesionales de otras ciudades, como Chihuahua, Guadalajara y Ciudad de México, así como algunos trabajadores internacionales de países como Honduras.
El arquitecto Juan Leonardo destacó que, si bien algunos materiales fueron traídos de otras partes de México, la mayor parte de la obra se construyó con materiales locales. El padre Guillermo Sías, rector de la iglesia, mencionó que uno de los objetivos fue utilizar lo que la región podía dar para ofrecer empleos.
El diseño de la iglesia San Juan XXIII es una fusión de estilos, con una clara influencia romana y el colonial moderno. Según el arquitecto de la Hoya, la construcción tuvo sus desafíos, ya que el proyecto tuvo que adaptarse en distintas ocasiones, Tomás Zaragoza, el principal benefactor, expresó su deseo de que la iglesia tuviera un estilo arquitectónico antiguo.
“Presenté varias opciones, y aunque se eligió una, hubo modificaciones a lo largo del proceso debido a la complejidad de la obra”, explicó el arquitecto. Aunque el equipo de trabajo planeaba concluir el proyecto en un año, la construcción, debido a su diseño detallado y la incorporación de materiales específicos, alargaría el proceso hasta un año y medio; de hecho, primeramente se realizó una estancia de retiro para sacerdotes y fue hasta 3 años después cuando inició la construcción de la iglesia, la cual se terminó en 2024.
A lo largo de este tiempo, los trabajadores locales fueron fundamentales para el avance de la obra. El arquitecto contó con el apoyo de cuatro ingenieros y dos arquitectas, quienes también fueron parte activa del proyecto. Los ingenieros son originarios de Acapulco y Tuxpan, mientras que las arquitectas Carolina y Casandra, ambas de Ciudad Juárez, estuvieron a cargo de áreas específicas como la herrería, carpintería y los vitrales.
La iglesia cuenta con varios elementos arquitectónicos que han sido cuidadosamente seleccionados, como las columnas de mármol, que provienen de diferentes estados de la República Mexicana, y las campanas, que fueron fabricadas en un pueblo de Hidalgo, el cual tiene la tradición de elaboración de artículos para iglesias. Además, las bancas y los candiles fueron hechos en Guadalajara, mientras que el azulejo de la iglesia fue realizado a mano en la misma ciudad.
Los vitrales también destacan por su simbolismo. Uno de ellos, por ejemplo, representa las manos del padre Guillermo Sías Burciaga, rector de la iglesia, lo que agrega un toque personal a la edificación.
El padre Guillermo Sías Burciaga, quien ha sido rector de la iglesia desde su construcción, señaló que la iglesia no solo representa un espacio de fe, sino también un proyecto de colaboración. A lo largo del proceso, tanto él como los arquitectos y los trabajadores se esforzaron por crear un lugar funcional y simbólico.
La iglesia San Juan XXIII es un proyecto que involucra a diversas comunidades, desde la mano de obra local hasta la participación de artesanos y trabajadores internacionales, lo cual creó un espacio de valor histórico y cultural para la ciudad.