Reportajes

Ciudad Juárez y la crisis que ladra en sus calles

  • Por Editora M

-Perros sin dueño, responsabilidades sin asumir y una amenaza que ya cobra vidas


Ciudad Juárez.- A las seis de la mañana, cuando la ciudad apenas despierta, hay colonias de Ciudad Juárez donde el silencio no lo rompe el tráfico, sino los ladridos. 

No es uno. No son dos. Son decenas. 
Se mueven en grupo, recorren calles sin pavimento, husmean entre bolsas de basura rotas y se apropian de esquinas enteras. 

Para muchos vecinos, ya no es una imagen excepcional; es parte de la rutina.

La presencia de perros callejeros en la ciudad dejó hace tiempo de ser un problema menor. 

Hoy es una crisis visible, constante y, en ocasiones, peligrosa. 

De acuerdo con estimaciones de autoridades municipales, en Ciudad Juárez podrían deambular hasta 210 mil perros en situación de calle, aunque otras proyecciones elevan la cifra a más de 700 mil animales sin hogar, lo que colocaría a la ciudad entre las más afectadas del país por esta problemática.

Pero más allá de los números, lo que realmente dimensiona la gravedad del fenómeno es su impacto cotidiano. 
En colonias del suroriente y del poniente, zonas marcadas por rezago urbano, lotes baldíos y acumulación de basura, las jaurías forman parte del paisaje. 

En lugares como Eréndira, Galeana, Anapra, Ojitos, o sectores de Riberas del Bravo, Castillo Peraza, los reportes ciudadanos se repiten; perros agresivos, ataques, miedo al salir de casa.

El punto de quiebre llegó recientemente
Un hombre perdió la vida tras ser atacado por una jauría. 

El hecho no solo conmocionó a la comunidad, sino que evidenció lo que durante años se había normalizado; el riesgo es real. Y puede ser mortal.
No se trata de un caso aislado. 

En el último año, se han acumulado cientos de denuncias por ataques de perros, muchas de ellas contra personas en condición vulnerable; niños, adultos mayores, trabajadores que caminan largas distancias, mascotas.

La escena se repite con variaciones mínimas; animales en grupo, falta de control, ausencia de intervención oportuna.

Sin embargo, el problema no empieza en la calle. Empieza en casa.
El abandono es el origen silencioso de esta crisis. Perros que alguna vez tuvieron dueño terminan en la vía pública por múltiples razones; falta de recursos, desinterés, cambios de domicilio o, simplemente, irresponsabilidad. 

En la ciudad, miles de animales son dejados a su suerte cada año, reproduciéndose sin control y formando parte de un ciclo que parece no tener fin.

Las cifras oficiales reflejan esta conducta social. 

En los últimos años, autoridades han atendido miles de reportes relacionados con maltrato, abandono y agresividad animal. 

A esto se suman más de mil denuncias recientes por perros callejeros o potencialmente peligrosos.

*La saturación del sistema es evidente.*
Mientras tanto, los riesgos se multiplican.
El tema ya no es únicamente de seguridad, sino de salud pública. 
La proliferación de perros sin control sanitario abre la puerta a enfermedades zoonóticas. 
En la región, padecimientos como la rickettsia han cobrado decenas de vidas en los últimos años, y aunque su transmisión involucra diversos factores, especialistas coinciden en que la presencia de animales sin atención veterinaria incrementa el riesgo.
Además, está el impacto ambiental; basura dispersa, contaminación, afectación a fauna urbana. Y, quizá más difícil de medir, el deterioro del tejido social. 
La normalización del abandono habla de una ciudad donde la responsabilidad colectiva se diluye.
Frente a este escenario, la respuesta institucional ha sido constante, pero insuficiente.
La Dirección de Atención y Bienestar Animal realiza operativos, atiende reportes y resguarda animales agresivos. 
Sin embargo, estas acciones son, en su mayoría, reactivas. 
Actúan cuando el problema ya ocurrió. Cuando el ataque ya sucedió. Cuando la denuncia ya fue presentada.
Lo que no existe o no con la fuerza necesaria, es una estrategia integral de prevención. 
No hay un censo confiable y actualizado de la población canina. 
Las campañas de esterilización no alcanzan la magnitud del problema. La infraestructura es limitada. 
Y las sanciones por abandono, aunque contempladas, rara vez se aplican con rigor.
El resultado es una ciudad que corre detrás de una crisis que siempre va un paso adelante.
En medio de este panorama, también emerge un debate complejo. 
Por un lado, organizaciones y activistas insisten en la protección animal, la adopción y la esterilización como únicas soluciones éticas. 
Por otro, ciudadanos exigen medidas más contundentes ante el incremento de ataques.
La discusión no es sencilla. Pero sí urgente.
Porque cada perro en la calle representa una historia de abandono, pero también un riesgo potencial. 
Y cada ataque registrado es una señal de alerta que no puede seguir ignorándose.
Ciudad Juárez enfrenta así una de sus contradicciones más evidentes: una ciudad que crece, que se moderniza en algunos sectores, pero que arrastra problemáticas básicas sin resolver. 
La crisis de los perros callejeros no es un fenómeno aislado; es el reflejo de fallas estructurales en educación, cultura cívica, política pública y responsabilidad social.
Al final, la pregunta no es cuántos perros hay en la calle.
La pregunta es cuántos más tendrán que aparecer o cuántas tragedias más deberán ocurrir, para que el problema se atienda de raíz.
Porque mientras eso no suceda, al amanecer, en muchas colonias de Juárez, los ladridos seguirán marcando el inicio del día.
Y la crisis seguirá ahí, recorriendo las calles, sin dueño y sin solución.