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Del cubetazo a la multa; una tradición que se secó en el desierto

  • Por Editora M

Cómo el Día de San Juan desapareció de las calles de Ciudad Juárez

Ciudad Juárez.- Hubo un tiempo en que el 24 de junio era una de las fechas más esperadas por miles de niños y jóvenes de Ciudad Juárez.

Desde temprana hora aparecían cubetas, mangueras, globos llenos de agua y hasta tambos improvisados frente a las viviendas.

Nadie estaba a salvo de terminar empapado.

La celebración del Día de San Juan, una tradición heredada de la religión católica y vinculada al bautismo de Jesús realizado por San Juan Bautista, se convirtió durante décadas en una auténtica fiesta popular en esta frontera.

Familias enteras participaban en una jornada donde el agua era símbolo de abundancia, purificación y esperanza de lluvias en una región marcada históricamente por la escasez.

Pero esa imagen prácticamente ha desaparecido.

Hoy, las calles lucen secas. Los globos de agua dejaron de venderse en grandes cantidades, los niños ya no salen a perseguirse entre carcajadas y quienes deciden continuar la tradición corren el riesgo de recibir multas de miles de pesos.

La celebración se extinguió poco a poco, víctima de la crisis hídrica, las campañas de concientización y las sanciones por desperdicio de agua.

Cuando Juárez se mojaba por completo

Durante las décadas de los setenta, ochenta y noventa, el Día de San Juan era una festividad ampliamente arraigada en colonias populares y barrios tradicionales de Ciudad Juárez.

En zonas como Bellavista, Chaveña, Altavista, Anáhuac, Galeana, Partido Romero, Felipe Ángeles y el Centro Histórico, era común observar a vecinos salir de sus casas para participar en la tradicional "mojada".

Los niños recorrían cuadras enteras armados con cubetas y globos.

Los adultos observaban desde las banquetas o terminaban participando.

Muchos negocios cerraban parcialmente para sumarse a la convivencia.

La tradición también tenía un componente simbólico; se creía que mojarse en el Día de San Juan atraía lluvias y prosperidad para los meses siguientes.

Además de los juegos con agua, era común que algunas personas aprovecharan la fecha para cortarse el cabello, bañarse antes del amanecer o realizar actos relacionados con la renovación personal y espiritual.

La jornada terminaba frecuentemente con reuniones familiares, carne asada, música y convivencia vecinal.

Era una fiesta espontánea, sin organizadores oficiales, pero profundamente arraigada en la identidad fronteriza.

El inicio del fin

La transformación comenzó gradualmente.

A medida que Ciudad Juárez creció aceleradamente, aumentó también la presión sobre los mantos acuíferos que abastecen a la población.

La disponibilidad de agua dejó de percibirse como algo garantizado.

Las primeras campañas gubernamentales para desalentar el desperdicio aparecieron a finales de los años noventa y principios de los 2000.

Sin embargo, la tradición continuó durante varios años más.

Fue hasta la última década cuando la crisis hídrica comenzó a cambiar definitivamente la percepción ciudadana.

La Junta Municipal de Agua y Saneamiento (JMAS) inició campañas permanentes para promover el ahorro del recurso y posteriormente implementó operativos especiales durante el Día de San Juan para detectar desperdicios.

La ciudad que consume más agua de la recomendada

La preocupación de las autoridades no es menor.

Datos de la JMAS indican que, aunque el consumo promedio por habitante ha disminuido en los últimos años, un juarense todavía utiliza alrededor de 300 litros de agua al día.

La Organización de las Naciones Unidas recomienda aproximadamente 150 litros diarios por persona.

Durante la temporada de calor, el consumo puede incrementarse entre 30 y 40 por ciento debido al uso de sistemas de enfriamiento evaporativo y otras actividades domésticas.

La situación ha llevado a especialistas y autoridades a advertir sobre posibles escenarios críticos en las próximas décadas si no se reduce el consumo y se fortalece la infraestructura hidráulica.

De la advertencia a las multas

Lo que antes era visto como una inocente tradición comenzó a ser considerado un desperdicio de un recurso cada vez más escaso.

A partir de los años recientes, la JMAS implementó operativos específicos durante el Día de San Juan para vigilar colonias donde tradicionalmente se realizaban juegos con agua.

Las sanciones por desperdicio pueden alcanzar varios miles de pesos, dependiendo de la gravedad de la infracción.

En algunos años se informó de multas equivalentes a entre 20 y 300 UMAS, mientras que anteriormente la Ley del Agua contemplaba sanciones que podían superar los 26 mil pesos.

Los llamados "Guardianes del Agua" comenzaron a recorrer las calles para atender denuncias ciudadanas y documentar casos de desperdicio.

La sequía terminó por cambiar la mentalidad

Más allá de las multas, fue la propia realidad la que modificó la conducta social.

Las sequías prolongadas que han afectado al estado de Chihuahua provocaron que muchos juarenses reconsideraran la celebración.

Lo que antes era motivo de diversión comenzó a percibirse como una práctica incompatible con la situación ambiental actual.

Diversos reportes señalan que la población ha ido abandonando voluntariamente la tradición para contribuir al cuidado del agua.

Incluso en redes sociales, habitantes de Chihuahua y Ciudad Juárez recuerdan con nostalgia los globos de agua y los cubetazos de su infancia, aunque reconocen que la crisis hídrica actual hace difícil justificar este tipo de actividades.

Una tradición que sobrevive sólo en la memoria

Para las nuevas generaciones, el Día de San Juan ya no representa lo que significó para sus padres o abuelos.

Muchos jóvenes conocen la tradición únicamente por fotografías familiares o relatos de personas mayores.

Las calles que alguna vez fueron escenario de carreras, risas y cubetazos permanecen tranquilas.

La carne asada familiar puede seguir presente, así como algunas expresiones religiosas, pero el elemento más visible de la celebración desapareció.

En una ciudad levantada en medio del desierto, donde el agua se ha convertido en uno de los recursos más valiosos, la cultura de conservación terminó imponiéndose sobre una costumbre centenaria.

El simbolismo de una celebración desaparecida

La historia del Día de San Juan en Ciudad Juárez refleja también la evolución de la propia frontera.

Pasó de ser una comunidad donde el agua era símbolo de fiesta y convivencia a una sociedad obligada a pensar en la sustentabilidad y la supervivencia de sus recursos naturales.

La celebración no fue prohibida oficialmente; simplemente fue perdiendo espacio frente a una realidad cada vez más evidente; el agua dejó de ser vista como un recurso inagotable.

Hoy, el Día de San Juan sobrevive principalmente en la memoria colectiva de quienes recuerdan aquellas mañanas de junio cuando toda una colonia podía terminar empapada y feliz.

Una tradición que durante generaciones unió vecinos, fortaleció la convivencia comunitaria y convirtió las calles de Juárez en una gran fiesta popular, pero que finalmente terminó secándose bajo el peso de la sequía, las restricciones y la necesidad de proteger cada gota de agua.