-Entre calles de tierra, basura acumulada y servicios inexistentes, una comunidad de Ciudad Juárez sobrevive fuera del proyecto urbano
Ciudad Juárez.- El aire es espeso. Huele a humo, a tierra seca, a residuos humanos y animales.
En Lomas de Poleo, al norponiente de Ciudad Juárez, el abandono no es una percepción; es una condición cotidiana.
Aquí, la ciudad se va desdibujando hasta convertirse en brechas, cerros erosionados y viviendas improvisadas que parecen resistir más por voluntad que por planeación.
Las calles sin pavimento marcan el ritmo de la colonia.
No hay banquetas, el alumbrado es irregular y la basura se acumula en lotes baldíos que funcionan como tiraderos clandestinos.
Jaurías de perros deambulan entre los caminos de terracería.
La escena se repite a lo largo del recorrido; mujeres caminando con bolsas, adultos mayores sorteando el polvo, niños creciendo entre carencias normalizadas.
“Aquí no vivimos, aquí aguantamos”, dice María, vecina desde hace más de dos décadas.
“No tenemos calles, no tenemos parques, a veces ni agua. Pero seguimos aquí porque no hay a dónde ir”.
*Una colonia fuera del mapa*
Lomas de Poleo arrastra desde hace décadas conflictos por la tenencia de la tierra.
Esa situación ha colocado a la colonia en un limbo legal que, en la práctica, ha servido para justificar la falta de inversión pública. Sin certeza jurídica, no hay pavimentación; sin pavimentación, no hay transporte; sin transporte, no hay acceso real a la ciudad.
De acuerdo con información del Instituto Municipal de Investigación y Planeación (IMIP), el norponiente de Ciudad Juárez concentra algunos de los mayores rezagos en infraestructura básica, particularmente en pavimento, drenaje y equipamiento urbano.
Lomas de Poleo aparece de manera recurrente en diagnósticos como una zona con alta marginación urbana.
El transporte público apenas llega a los límites de la colonia.
Para muchos habitantes, salir implica caminar entre 20 y 40 minutos por caminos de tierra hasta encontrar una ruta.
“Cuando llueve no se puede ni pasar”, explica José, trabajador de maquila.
“El camión no entra y el taxi no quiere subir. Si faltas al trabajo, te descuentan”.
*Basura, salud y riesgo*
La acumulación de residuos es uno de los problemas más visibles. Bolsas rotas, muebles viejos, llantas y restos orgánicos se amontonan cerca de las viviendas.
La recolección de basura es irregular y, en algunos sectores, inexistente.
Datos de la Dirección de Servicios Públicos Municipales reconocen que las colonias sin trazo urbano regular enfrentan dificultades para recibir servicios constantes, lo que genera riesgos sanitarios.
A ello se suma la proliferación de perros callejeros, un problema que el propio Municipio ha catalogado como asunto de salud pública.
“Los perros rompen la basura, se meten a las casas, ya ha habido mordidas”, relata Leticia, madre de tres niños. “Hemos reportado, pero nadie viene”.
*Resistir sin ciudad*
En Lomas de Poleo no hay parques formales ni espacios comunitarios adecuados.
Las áreas abiertas son terrenos baldíos convertidos en basureros. La falta de alumbrado público incrementa la sensación de inseguridad durante la noche.
Según cifras del CONEVAL, Ciudad Juárez mantiene bolsas de pobreza urbana donde el acceso a servicios básicos es limitado, principalmente en colonias periféricas.
Lomas de Poleo encaja en ese diagnóstico; una comunidad dentro del municipio, pero fuera del desarrollo.
La vida cotidiana se sostiene por la organización vecinal y la resistencia comunitaria. Sin embargo, la autogestión no reemplaza la responsabilidad del Estado.
*Una deuda persistente*
Lomas de Poleo no pide proyectos de gran escala. Pide lo elemental; calles transitables, agua regular, alumbrado, transporte, recolección de basura y presencia institucional. Pide ser integrada a la ciudad.
Mientras Ciudad Juárez avanza en indicadores industriales y crecimiento económico, colonias como esta exhiben una desigualdad territorial profunda.
El desarrollo no ha sido parejo.
Recorrer Lomas de Poleo confirma una constante en la periferia juarense; la ciudad se expande, pero no integra.
Y mientras no exista una política pública sostenida para atender estas zonas, el polvo seguirá cubriendo las casas y la marginación seguirá siendo parte del paisaje.